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    “Al mundo lo están cambiando personas de 25”

    “Soy Alec Oxenford y me encanta compartir mis ideas sobre cómo el liderazgo, la tecnología y el entrepreneurship (emprendimientos) ayudan a mejorar nuestro mundo”. Así se presenta Alec en el perfil de su blog personal, un emprendedor y líder nato, de mirada global y bien actual sobre la realidad, la cual busca comprender con el fin de generar cambios positivos. Recibido de Administrador de Empresas, decidió realizar un MBA en Harvard, experiencia que dice haberle mostrado que cualquiera puede lograr sus objetivos si toma la plena decisión de realizarlos. Entre el largo listado de empresas que fundó, figuran DeRemate.com, Dineromail.com, Democraciaviva.org y Olx.com. Además, participa de distintas ONGs. Si sos de los que les gusta ir para adelante con tus ideas y proyectos, no dejes de leer esta nota, y si en cambio, todavía te preguntás dónde están las ideas y proyectos, tampoco dejes de leerla. Puede ser un buen comienzo.

    ¿Cómo era tu vida al terminar el colegio? ¿Tenías alguna visión de lo que querías hacer profesionalmente o lo descubriste con el tiempo?
    Terminé el colegio en el 86. En ese momento, tenía la misma duda que sigo teniendo ahora, pero menos refinada, y era cuál de los dos caminos seguir. Uno tenía que ver con entrar en el mundo de las empresas, y el otro, en el de la política, con la idea de poder cambiar el mundo. Empecé las dos carreras a la vez, Administración en la UCA y Ciencia Política en la UBA, que atravesaba por un mal momento y casi no tenía clases. Finalmente, seguí solo con Administración. La intención de poder dedicarme a temas políticos siempre se mantuvo y me di cuenta de que también desde las empresas se hace política. Hay veces que se puede cambiar más cosas como emprendedor, liderando iniciativas que tengan impacto en mucha gente, que ocupando una función pública o un cargo electivo.

    ¿Los negocios y el liderazgo venían de familia?
    Sí. Lo natural en mi familia era el mundo de las empresas, tanto del lado paterno como materno. Era algo casi implícito, natural y esperado. Creo que es muy divertido ir descubriéndose, pero, cuando uno arranca, se da cuenta de que es difícil. Trataba de imaginarme cómo sería en 25 años. Eso aclara mucho, y si es difícil lograrlo, por lo menos, tratar de imaginarse cómo uno no se vería. Ayuda a preguntarse cosas como: “¿Me gusta trabajar solo o con gente? ¿En organizaciones grandes o chiquitas? ¿De alto riesgo y que cambian mucho o estables? ¿Me gusta correr riegos y ganar plata si las cosas salen bien, o prefiero estar seguro cobrando siempre lo mismo? ¿Me gusta tener impacto en la gente? ¿Soy analítico o más vendedor?”. Así, se va armando un mapa de lo que te gusta y de las habilidades, algo que va muy de la mano. Para la mayoría de la gente, lo que mejor hace es lo que más le gusta. Una vez realizado este mapa, se evalúan las oportunidades.

    Con respecto al panorama actual en el que deben desarrollarse los jóvenes, ¿qué consejo les darías?
    La actitud más sana, en este momento, es pensarse como un ciudadano del mundo, con objetivos grandes y sin autolimitarse. Así, van a llegar más lejos. El problema de mucha gente en la Argentina es la autolimitación. Nos llegan demasiados mensajes de que “no se puede”, “es difícil”, “no tiene sentido”, y nos presentan muy pocos ejemplos de gente que sí pudo, que generó cambios y que llegó a lo que quería. La mayoría simplemente se autoconvence de que hay un solo camino y de que es el que otro les define. Las ofertas que llegan, el amigo que te “hace entrar en una compañía”, la empresa familiar y a trabajar con papá, lo que hizo mi hermano más grande, la empresa que tocó la puerta en la “facu”… Estamos más acostumbrados a que “nos pasen cosas” antes que a hacer que “las cosas nos pasen”. Hay que cambiar y pasar a ser uno el protagonista que define. De este modo, uno puede llegar adonde quiera, en la medida en que se organice para lograrlo. Ahí cambian por completo las oportunidades. Alguien dijo: “Lo importante no es tener la intención de ganar en lo que uno hace. Lo importante es tener la intención de prepararse para ganar”. Pocos tienen eso y, por lo general, son los que ganan.

    ¿Recordás alguno de tus primeros emprendimientos, de cuando estabas en el colegio?
    Cuando tenía 13 ó 14 años, armé un criadero de chinchillas en el playroom de mi casa. Como se expandió tanto y era demasiado el olor, las pasé a una casita que teníamos en el jardín. Todo iba bien, hasta que unas vacaciones alguien decidió que era un buen momento para que desaparecieran; nunca supe quién fue (se ríe). Lo sentí como un buen intento de hacer algo productivo y me sirvió para saber lo difícil que era, y que hay veces que uno aprende mucho más de los errores que de los aciertos. Realicé otro emprendimiento cuando ya era más grande e iba al colegio San Andrés. Teníamos un diario, en el cual escribía, y me gustaba mucho porque teníamos autonomía y nos dejaban publicar sin censura. Un día, escribí sobre algo que nos había pasado yendo en el colectivo que nos llevaba al campo de deportes. Por cuestiones de seguridad, no nos dejaban ir parados, pero un día los profesores querían volver rápido y metieron un montón de gente por colectivo. Entonces, escribí un artículo que se llamó “Esos profesores amantes de la seguridad”. Era muy duro y cínico; un profesor me dijo que podía publicarlo así, pero que solo iba a generar ruido y no un cambio. Me recomendó bajarle el tono. Lo publiqué tal cual. ¿Qué paso? Me saqué la calentura y no sirvió para cambiar nada. Después me arrepentí un poco, pero fue una buena experiencia sentir el impacto que uno tiene cuando comunica y la responsabilidad que eso requiere.

    Además de recibirte en la UCA, estudiaste en Harvard. ¿Qué le aportó el estudio a tus inquietudes por generar cosas?
    Aportó mucho. En la UCA, lo que más me gustó fue la gente. Tenía un muy buen grupo, aprendí estando con gente distinta a mí e hice varios amigos. En Harvard, aprendí el enorme valor de una institución excelente que produce grandes resultados. Aprendí a desmitificar; me di cuenta de lo diferente y lo parecidos que somos todos. Viendo la gente que estudiaba conmigo, me di cuenta de que la mayoría puede llegar, más o menos, a cualquier parte. Ellos no eran muy distintos a cualquiera que se proponga estudiar ahí; lo que los diferenciaba era que “lo querían hacer”; los distinguían las ganas y la voluntad. Descubrí que toda la gente que ocupa posiciones de poder, políticos, empresarios, académicos, científicos, etc., no es muy diferente a la mayoría de los demás, pero ellos tienen la decisión de hacerlo. Uno puede ser como cualquiera de ellos si toma la decisión de hacerlo.

    A partir de que te recibiste, recorriste, viviste y conociste gente en varios países. ¿Influyó en tu visión de los negocios?
    Enormemente. Siempre nos han querido hacer creer que vivimos en una especie de mundo aparte, solo nuestro, y que lo importante es lo que pasa acá, en la Argentina. Viajando, me di cuenta de que somos un país muy lindo, pero totalmente periférico. Es como si a alguien que vive en un pueblito chiquito de Formosa, le llegaran mensajes de que su mayor potencial de desarrollo esta ahí, y no yéndose a la capital o saliendo al mundo. Eso no quiere decir que vivir en el pueblito sea malo, pero si estando ahí uno se conecta al mundo, seguramente va a tener más impacto y va a hacer cosas más grandes. No nos damos cuenta de que nuestro país es como un satélite chiquitito en una galaxia muy grande. Podemos decidir ser ciudadanos del mundo y aprovechar todo lo bueno que tiene para darnos, o quedarnos como estamos. Tiendo a creer que hay más oportunidades, más divertidas, cuando uno piensa el mundo como el lugar que nos toca vivir, y que ninguno de los 6 mil millones de habitantes es más o menos que otro. Me parece una estupidez pensar que tenemos más responsabilidad con el vecino, que con alguien de otra provincia o de la India.

    ¿Entonces, no creés en el nacionalismo?
    Creo que es un problema grave, que nos confundieron, y generaron barreras, odios y guerras. Cada vez que el mundo se integró y fluyó la creatividad, pasaron cosas buenísimas. Se puede ver este problema imaginando una isla a la cual, de pronto, llega un montón de gente y la habita. Un día, alguien hace una raya y la divide en dos, mitad A y mitad B. De ahí en más, cada sector trata de diferenciarse más y más del opuesto, empiezan a cobrar cada vez que alguien quiere pasar de un lado a otro, aparecen los impuestos para las ventas entre ambos y los pasaportes, porque uno entiende que es mejor que el otro, etc. Pero un día, viene alguien y divide A en A.1 y A.2, y así empieza todo de nuevo, cada vez hay más restricciones, no se puede trabajar en cualquier parte a no ser que se cuente con un permiso o se trabaje en negro, y sigue… Esto es una estupidez de la que se benefician muchos que, generalmente, son corruptos o poco competitivos.

    Me gusta la definición que hacés de vos mismo en tu blog: “Me siento Ciudadano del Mundo, Latinoamericano, Argentino y Porteño”.¿Cuánto influyó Internet cuando decís “ciudadano del mundo”?
    Tuvo muchísimo que ver. La tecnología nos acerca. Hoy nos enteramos de lo que ocurre en tiempo real y nos hace partícipes de todo creando temas globales, como el cambio climático. El entendimiento es global. La gente, tanto en Afganistán como en Europa o acá, está usando Google, Youtube o Skype, y, al final, las nuevas generaciones de argentinos pueden ser más parecidas a un iraquí que a un argentino de 50. Esto es porque se pueden contactar mejor entre ellos, chatean, navegan, tiene un blog… Creo que esto es un valor enorme, que va a ayudar a romper estructuras artificiales creadas para oprimir, pero todavía va a pasar un tiempo hasta que suceda.

    ¿Pero no te parece que se pierde mucha riqueza cultural?
    Creo que va a haber más diversidad. Hoy, la producción cultural y la información están muy concentradas, por ejemplo, casi el 80% de las noticias es producido por un par de agencias que tienen el monopolio de la opinión pública. Con los blogs y el hecho de que cualquiera pueda escribir lo que quiera, y gracias a Google, todos tenemos la misma relevancia en cuanto a la información. Cuando un tercero busque algo, se va a encontrar con el artículo del diario importante y con los nuestros. Entonces, va a poder elegir entre esas opciones, nunca había pasado algo así antes. Con Youtube pasa lo mismo pero todavía es muy incipiente. Antes, teníamos un acceso limitado a las películas, yendo al cine o alquilando en un video club. Ahora, eso se multiplicó por miles. Ese es el valor de la diversidad que ofrecen las nuevas tecnologías. También hay riesgos de que, en algún momento, quienes controlan la mayor parte del tráfico en Internet lo manipulen con malos hábitos y los vicios de lo medios tradicionales. Es posible, pero, por ahora, están democratizando de una manera increíble.

    Muchos de tus emprendimientos tomaron gran magnitud. ¿Te asustó en algún momento tanto crecimiento?
    Sí, todo el tiempo (se ríe). A los 29 años, cuando hice Deremate.com, no pedimos consejos, nos equivocamos mucho y tuvimos buenos aciertos. Es un orgullo muy grande que las cosas que pasaron hayan sido por nosotros, y pudimos aprender. Hoy, el mundo lo están cambiando personas de 25, como los creadores de Google, y afectan a mucha gente de manera más directa que muchos políticos. Eso es alucinante. Imaginate qué alegría que les causa a los que están perdiendo el control (se ríe). No hay que tener miedo, capaz, de cada diez proyectos, ocho fracasan. No pasa nada: fracasan y a empezar de nuevo. Hay que tener claro que el fracaso es una posibilidad y hay que estar preparado, y si crece mucho, tratar de seguirle el paso.

    Llevás una vida muy activa, entre trabajo, ONGs, viajes y tu familia. ¿Cómo hacés para que el tiempo alcance?
    Me divierte hacer muchas cosas y trato de enfocarme en lo más importante de cada una. No es fácil y hay veces que me equivoco. Soy selectivo, me meto en una fundación y trato de ayudar en lo que creo importante, el resto, cero. Lo mismo en los proyectos. Es una manera de agregar valor y poder hacer varias cosas a la vez. Siempre hay tensiones y siempre dejás algo. Se generan problemas, pero peor sería no hacerlo.

    Algunos de nuestros lectores podrían pensar que, por tu currículo, tendrías la posibilidad de elegir radicarte y trabajar en otro país “con menos problemas”. ¿Qué tiene el nuestro sobre el resto?
    En la Argentina, encuentro serenidad, tengo a mi familia y amistades. En otros países, siento que todo es tan solo utilitario y se buscan todo el tiempo beneficios. Vivo en Buenos Aires, una ciudad en la que descubro un gran atractivo. Me gusta que sea cosmopolita. Además, quiero que mis hijos crezcan acá, pero también sé que optar por quedarme significa para mí un costo económico muy grande.

    Desde la revista, incentivamos a los chicos a que se animen a emprender y creer en sus ideas. ¿Qué consejo les darías como emprendedor?
    Piensen en grande, sueñen, júntense con gente valiosa. Es esencial que sean apasionados. No se asusten, no tengan miedo. Nadie se arrepiente de lo que hizo, pero sí de lo que no. Cuando los humanos de verdad queremos algo, nos conectamos y todo se alinea para que eso ocurra.

    Fuente:
    pro-vocacion.com.ar/index.php?module=article&idArticle=44

    www.alecoxenford.com/2007/09/entrevista-de-pro-vocacion-a-alec-oxenford.html