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Posted By: Canarias24Horas.comInternet es una red de comunicación que básicamente une ordenadores con otros ordenadores. A través de ella, mediante diversos protocolos informáticos, se pueden enviar mensajes, imágenes, vídeos, consultar textos, etc., siempre y cuando todo ello haya sido diseñado para ser accesible por Internet.
Internet, tal y como la conocemos nace en los años 60, a partir de la red ARPANET, diseñada por un equipo encabezado por Lawrence Roberts para el ejército norteamericano. La red pasó a ser utilizada por universidades e instituciones en los años 70, dando su “salto a la comunidad científica” a partir de la invención del protocolo TCP/IP por Vinton Cerf y Robert Kahn. Finalmente, Tim Berners-Lee inventaría el protocolo HTTP que llevaría a la World Wide Web en 1992, mientras trabajaba para el laboratorio de partículas CERN en Ginebra. En esos inventos y protocolos se basa Internet, y desde 1994 empezó a popularizarse entre la gente. Fue el segundo salto, cuando Internet llegó a los hogares. Hoy día Internet sigue basándose en TCP/IP y HTTP, protocolos diseñados por y para científicos.
Internet fue inventada por científicos, con el fin de ser un sistema que permitiera intercambiar conocimientos entre científicos. No fue creada pensando en la gente en general. El mismo Berners-Lee inventó el HTTP para poder enviar a sus colegas de otros laboratorios de física de partículas informes que contuvieran texto e imágenes que permitieran explicar mejor teorías científicas y en general la transmisión de conocimientos. Y este es uno de los principales problemas de partida de Internet actualmente: que la inventaron científicos. Si exceptuamos su inicial origen militar, la crearon personas con altos ideales, basándola en el intercambio altruista de información entre científicos y con el progreso de la Humanidad como único objetivo.
En unos 15 años, desde 1994 hasta la actualidad, Internet se ha convertido en un medio de comunicación más. En realidad de ha convertido en el medio de comunicación por excelencia, haciendo que los demás vean temblar sus propios cimientos. La popularización de Internet la ha llevado a ser accesible a millones de personas. Y con esos millones de personas ha llegado a Internet todo lo bueno y todo lo malo de la humanidad: han llegado los pornógrafos, los pedófilos, las mafias, los spammers... Pero Internet no estaba desarrollada para ellos. Los científicos que la inventaron no la crearon para eso, y por ello tiene enormes problemas: seguridad, anonimato, fiabilidad...
Creada desde el principio con el altruismo científico en mente, Internet no está diseñada para lo peor de la humanidad, lo malo que acompaña a lo bueno. Y precisamente por ello, como le pasa a muchas personas ingenuas, es fácilmente utilizable de forma perversa. Y así ha sido.
¿Cómo surge el problema?
Hará unos 8 años empezaron a surgir a través de internet las primeras redes P2P (peer to peer, o “de igual a igual”), que conectaban ordenadores permitiéndoles el intercambio de ficheros entre sus discos duros. Si bien esto siempre ha sido posible en Internet, los programas que realizaban esos intercambios gestionando bases de datos de canciones, como el famoso Napster, empezaron a hacerse populares; podías localizar una canción que te interesaba, te la bajabas a tu ordenador, y podías disfrutarla tranquilamente sin pagar un Euro a nadie, todo ello además usando los pequeños archivos comprimidos del formato MP3, que permitía, con una cierta pérdida de calidad acústica, que discos enteros ocuparan menos espacio de memoria y por tanto fueran más fácilmente transmisibles por Internet.
Más recientemente, programas como Emule, o bases de datos como Rapidshare (basada en HTTP) permiten que las gentes puedan compartir contenidos audiovisuales o musicales. Formatos audiovisuales como el Mov, el MPEG, o el Avi, permiten, de forma análoga al MP3, que películas enteras puedan transmitirse por Internet en poco tiempo.
El intercambio de ficheros en principio es un concepto altamente positivo desde el punto de vista del intercambio de conocimiento; se pueden transmitir investigaciones científicas, experimentos grabados en vídeo, conferencias, lecturas profesionales, etcétera. Pero también se pueden intercambiar contenidos sujetos a derechos de autor sin que ni sus productores ni sus autores reciban la menor compensación por ello. Eso es un robo.
¿Cómo se llegó a ello?
El altruismo que generó Internet ha llevado a una filosofía de trabajo muy positiva para el intercambio de conocimientos entre la gente, una filosofía heredera directa de los movimientos contestatarios de los años 70 en Estados Unidos. Así, movimientos como el hacking (la puesta a prueba altruista de sistemas de seguridad), GNU (la creación altruista de programas), el código abierto (que permite a personas con conocimientos de programación el compartir programas y mejorarlos para el beneficio mutuo de forma altruista), Creative Commons (licencia que permite que un creador pueda compartir su obra decidiendo sobre qué conceptos protegerla), el CopyLeft (cesión de los derechos de un creador para compartir su obra), etcétera. Esos movimientos han llevado a la creación de mejoras para la calidad de la vida y el trabajo de la gente, como el sistema operativo LINUX (de código abierto) y todo el software desarrollado bajo esa misma filosofía, que ha llevado a ricas iniciativas como LINEX, en Extremadura, etcétera. Al mismo tiempo, Internet, como reducto importante de derechos civiles, está basada en el anonimato de las personas que la utilizan. Un usuario de Internet usa sus servicios de forma anónima, y este anonimato es parte de un incuestionable e indiscutido derecho del internauta.
Precisamente en estos años algunas películas pasaron a un limbo legislativo en términos de propiedad de los masters, llamado Public Domain (Dominio Público). Este fenómeno ocurrió en películas americanas cuyos derechos caducaron no siendo reclamados por nadie, caso de films de la Republic, seriales, películas de la RKO, cortos de los Hermanos Fleischer de los años 30, cientos de horas de material documental de noticiarios, etc. La lista sería inacabable, y aumenta de día en día. Si bien el Dominio Público no recibe el mismo tratamiento en USA que en Europa, de hecho estas películas y otras han quedado liberadas y en principio cualquier persona podría disponer de ellas, si tiene acceso a un master. Así, están disponibles en www.archive.org, una enorme base de datos de imágenes, sonidos y películas de Internet.
Por otro lado, en Asia, cuna de gran parte del robo de contenidos intelectuales, no existe el mismo concepto de propiedad intelectual ni industrial que en occidente. En algunos países como Turquía ni siquiera existía el concepto de propiedad intelectual (lo que llevó a divertidas paradojas: películas turcas como Supermen Dönuyör, el “Supermán Turco”, usaban directamente y sin el menor rubor imágenes del Superman de 1979, propiedad de Warner, para suplir su paupérrimo presupuesto para efectos especiales). En España tenemos una larga tradición de ediciones ilegales de películas desde los tiempos del VHS. En 1981 podías visitar videoclubs que comerciaban exclusivamente con películas ilegales. Vivimos en un país en el que nunca se han respetado especialmente abstracciones como la propiedad industrial e intelectual. No en vano tenemos el record europeo en descargas ilegales en Internet. Un triste record, la verdad.
Todo esto ha llevado a una enorme colisión de intereses y confusión de identidades. El altruismo de Internet ha sido subvertido por la difusión de contenidos ilegales (películas con legítimos propietarios grabadas en cines o extraídas de DVDs legales o masters), corrompiendo el concepto altruista de Internet, y mezclando conceptos como los anteriormente enumerados en una maraña que sólo interesa a los implicados en ese trasiego de ficheros.
Si le preguntas a un internauta por qué se baja una película robada, te sacará una confusa explicación sobre el dominio público, la SGAE que es muy mala, y la libertad de Internet, demostrando que ni entiende del todo lo que está haciendo ni nadie le ha explicado las consecuencias de sus actos.
Porque si bien el “Top Manta” tiene detrás a mafias organizadas, el intercambio de contenidos ilegales lo originan los propios internautas, usando un concepto corrompido a su conveniencia de falso altruismo como justificación.
A poco que ahondes en tu conversación, el internauta acabará confesándote que se baja esas películas “porque están ahí”. Porque están a su alcance, a través generalmente de una red P2P como Emule. Es decir: porque es fácil hacerlo.
¿Y quién las puso ahí? Pues otro internauta, con el mismo lío mental que este, que confunde “sus derechos” con robar contenidos audiovisuales.
Si bien el intercambio de ficheros puede considerarse un derecho, el que esos archivos sean robados debería hacer que los internautas españoles se plantearan si lo que hacen está bien o no.
Al mismo tiempo, ese trasiego de datos sólo beneficia a los proveedores de Internet; las empresas que sirven de enlace entre los internautas e Internet. Esas empresas cobran a los Internautas por ese acceso. A traves de las redes propiedad de esas empresas pasan todos los contenidos que los internautas se descargan, sean estos legales o ilegales. Y eso, naturalmente, esas empresas lo saben. Pero miran hacia otro lado, porque cuantos más internautas tengan conectados bajando películas robadas, más facturarán al mes.
Las operadoras tienen mucho que decir en esta historia, mientras silban y miran hacia el horizonte, ponen la mano y cobran por el acceso de millones de personas, y les permiten acceder a los P2P y al contenido ilegal, sencillamente porque les es rentable.
Telefónica comercializa un servicio que permite cerrar el acceso a Internet a páginas potencialmente peligrosas para menores, de modo que los niños pueden navegar seguros por la Red (Canguro Net Plus). Es Telefónica la que actualiza la lista de webs prohibidas a las que los infantes no pueden entrar. Si les es tan fácil (el generar esas listas implica una investigación de los contenidos perniciosos, y por tanto una observación de los sitios visitados por los internatuas) ¿Por qué no hacen lo mismo con las páginas de Internet que difunden contenidos robados, tales como Divxclasico.com, Rapidshare.com, o las redes P2P? Pues porque no les da la gana. Tienen acceso a esos datos, saben que las páginas están ahí.
¿Cuáles son los problemas?
Como resumen de lo antedicho, tenemos Internet, una Red de ordenadores que permite que se difunda por ella cualquier contenido, protegido o no, robado o no, legal o no. Tenemos a los Internautas, un colectivo heterogéneo que tiene como principal derecho el anonimato, y tenemos toda una filosofía de vida enormemente positiva y generosa que se ha querido confundir, añadiendo el intercambio de ficheros robados como un derecho más, como un ejemplo más de la “libertad” y el “altruismo” de Internet.
Pero todos sabemos que no es así. Algo está fallando. Intercambiar una película robada no es bueno, no es altruista, no es positivo para nadie. Tampoco es un delito, según nuestro actual código penal. Lo que podemos convenir sin lugar a dudas es que está causando un perjuicio a la industria audiovisual. Un perjuicio que además se puede calcular en términos económicos.
Pero existen soluciones, unas a más largo plazo, otras a más corto. Creemos que todo pasa por una elección cuidadosa de las soluciones, y realizarlas con inequívoca voluntad política. En esto no caben medias tintas.
Curiosamente España es el país que más roba esos contenidos de toda Europa, y tiene los costes de conexión a Internet más caros. Otro síntoma de que la enfermedad tiene alguien que, entre bastidores, recibe pingües beneficios. En resumen:
-Internet fue creada con el altruismo en mente, para una minoría de científicos.
-Actualmente la usan millones de personas, y con ellas el altruismo no es suficiente.
-La gente intercambia ficheros a través de Internet, lo que es perfectamente legal.
-Entre esos ficheros hay obras audiovisuales robadas a sus propietarios.
-El intercambio de esos ficheros tampoco es ilegal, pero causa pérdidas económicas.
-El sistema permite copias infinitas de esos ficheros.
-Los internautas confunden el intercambio de películas y música robadas con el altruismo de Internet y la filosofía contestataria.
-Los proveedores de internet son los que permiten el intercambio de ese material robado a través de sus redes.
-Los proveedores de internet son generalmente grandes operadoras telefónicas.
-Se puede estimar el coste del intercambio de producciones audiovisuales robadas entre internautas.
-Se pueden localizar los servidores (ordenadores) desde y hacia los que se envían esas producciones robadas, pero los proveedores de Internet, que tienen esa información, no hacen nada al respecto.
¿Cuáles son las soluciones?
Existen soluciones a corto y a largo plazo.
CERO.- La divulgación y la información. El punto cero, la salida de la carrera, es entender que el internauta es un ciudadano de a pie, que ni sabe ni entiende de derechos de autor, de derechos de productor, ni de propiedad industrial o intelectual. Hay que informarles, de forma constante, sobre lo que está bien y lo que está mal en su actividad, procurando en todo momento evitar el tono paternalista o la amenaza. No se puede amenazar a las personas con acciones legales cuando lo que hacen no es ilegal. Hay que informarles de los perjuicios que causan.
PRIMERA.- Las operadoras. Los primeros beneficiados del servicio de intercambio de ficheros son las operadoras que venden el acceso a Internet. Se debería gravar mediante un impuesto revisable anualmente, proporcional a una cantidad proporcional a las pérdidas anuales por el intercambio de ficheros robados a las productoras, estimadas por un operador independiente. Esa medida haría que de forma natural las propias operadoras fueran cortando el acceso a redes P2P y otras redes de intercambio de material robado que ellas mismas permiten, al ver afectadas sus propias cuentas de resultados. Este acceso cortado disminuiría a su vez el tráfico de material ilegal y por tanto el impuesto anual, al disminuir las pérdidas de la industria. Obviamente, las cantidades recaudadas pasarían a un fondo común de la industria audiovisual, que permitiría la producción y la compensación de las pérdidas ocasionadas. Se debería impedir que esos pagos se repercutieran en el coste del acceso a Internet a los clientes, tentación muy común en las operadoras. Este “cierre de puertos” y de accesos, por otro lado, es fácilmente hackeable por los usuarios. Un cliente que hackee ciertos puertos debería perder su contrato de acceso de forma inmediata.
Otra solución interesante podría ser la desaparición de tarifas planas en las conexiones de alta velocidad, estableciendo límites en el volumen de información que una tarifa plana podría cubrir, pasándose a pago por volumen de información a partir de ese límite. Por ejemplo, un contrato de tarifa plana hasta 3 gigabytes al mes, con cobro de 20 Euros por gigabyte una vez se supere el límite. Eso garantizaría, sin lugar a dudas, un descenso instantáneo en el volumen de material ilegal que es descargado en España, al verse obligado el ciudadano a pagar por la información que recibe en su ordenador.
SEGUNDA.- La localización de los servidores ilegales. Se debería proceder judicialmente, y mediante los mismos equipos especializados en pornografía infantil, a solicitar a las operadoras los números de IP de los ordenadores conectados a las redes P2P. Esta información podría permitir iniciar acciones legales contra los propietarios de las grandes redes P2P, que no a los usuarios. Esas direcciones se entregarían asimismo a los operadores de acceso a Internet que carezcan de capacidad para obtenerlas, verificando que cierran el acceso a los citados servidores P2P.
TERCERA.- El fin de la navegación anónima y el final de Internet como “espacio impune”. Se debe fomentar una conferencia internacional desde la Organización central de Internet (ISOC, ICANN, etc), que permita el final de la navegación anónima por Internet. De modo que cualquier persona debe ser identificable en la vida real, así debe de ser en Internet, que no debe ser un territorio de impunidad; ello favorecerá a su vez la transparencia de las actividades en Internet y la desaparición progresiva de delitos como el intercambio por Internet de pornografía infantil, basada fundamentalmente en el anonimato que permite Internet en estos momentos.
Otro asunto íntimamente relacionado es la consideración del acceso a Internet, desde el hogar o desde el trabajo, como un acto privado. Este concepto puede llevar a error, toda vez que acceder a Internet implica, (a pesar de que el visionado / descompresión / almacenamiento temporal, etc de los contenidos a los que se llega, tenga lugar en el ordenador local) un espacio propio, que se ha dado en llamar “el ciberespacio”.
Existe el tópico de que lo que se encuentra en Internet también es accesible en la vida real. Esto es rotundamente falso. Internet ofrece
a) Anonimato (puedes acceder a contenidos a los que no accederías en la vida real si fueras identificable o tu identidad estuviera expuesta).
b) Intimidad (puedes acceder a contenidos comprometedores sin testigos).
c) Facilidad (el acceso a ciertos contenidos de Internet es prácticamente instantáneo a poco que se tenga una cierta experiencia, cosa que no ocurre en la vida real).
d) Impunidad (no existen delitos propiamente dichos en el “mundo virtual” de Internet ni existe en principio una vigilancia de conductas acaso reprochables de ocurrir en el mundo real).
Como ejemplo para ello, consideremos la lacra de la pornografía infantil. El pedófilo que accede a esos materiales mediante Internet explota plenamente estos 4 puntos: El anonimato actúa en su beneficio (probablemente el pedófilo virtual no se atrevería a seguir esas conductas en el mundo real, dada la persecución policial existente al respecto), puede disponer de esos materiales ilegales en la intimidad y la soledad de su hogar (ya que el acceso a Internet se considera protegido por el derecho a la intimidad, al ocurrir en el domicilio), dispone de ellos de forma instantánea (en la vida real, de no existir Internet, el pedófilo habría de recorrer lugares muy peligrosos, bajar a las cloacas de la sociedad, para obtener el material que demanda, cosa que implica muchos riesgos personales, que no se corren en Internet), y no tiene percepción de que sus actos sean vigilados ni sean punibles (la percepción del delito usando Internet es diferente, ya que los contenidos “están ahí”, al alcance de quien los busque).
Estos 4 puntos (Anonimato, Intimidad, Facilidad e Impunidad) son característicos del uso perverso de Internet, y están creando de hecho graves problemas para perseguir el delito que se produce en la Red a las fuerzas de seguridad. Una persona que decide bajarse una película de Internet aprovecha esos mismos 4 puntos, aunque el ejemplo utilizado sea un poco extremo.
Evitar el Anonimato en Internet es una solución potencial. Pero siempre nos encontramos con la necesidad de respetar el derecho a la intimidad de los ciudadanos y los derechos civiles, por lo que creo que todo pasa por una etapa inicial, y es extraer el acceso a Internet de esa esfera de intimidad legal. Cuando un ciudadano accede a la Red de Redes llega a un espacio colectivo, en el que puede pasar cualquier cosa, pero es un espacio que va más allá de la intimidad; es un lugar que no existe ni en el disco duro de su ordenador, ni en el exterior. Es el llamado “ciberespacio”, un espacio virtual que no tiene símil en el mundo fenoménico, pero que permite al usuario realizar cambios en aquel (por ejemplo, hacer un pago en su banco, comprar en Amazon o Ebay, comunicarse con personas reales, etc.).
Es por tanto el de Internet un espacio intermedio entre el mundo íntimo y el exterior que, si bien no es real, sí lo es virtualmente. De esta forma, el legislador podría considerar toda acción realizada en el ciberespacio equivalente a una acción realizada en el mundo colectivo, en la sociedad; pues Internet no es sino una proyección virtual del mundo social. De esta manera, se podría definir, en términos legislativos, como “espacio común” el de Internet, un lugar en el que las personas, como ocurre en las ciudades, están sujetas al código penal. Esto es, un equivalente a la vía pública, pero en un espacio virtual. Usar esa consideración jurídica junto con el final del anonimato en Internet podría ser una herramienta muy poderosa para el legislador y probablemente esta medida fuera abordable desde la legislación española de forma pionera, al no requerir acuerdo internacional previo.
A efectos de proteger la intimidad, siempre se podría hablar de una “esfera semipública” o “semiprivada”, que permitiera trabajar al legislador y a las fuerzas de la ley y a su vez mantuviera una protección añadida al ciudadano. Este concepto supondría una revolución tanto en la persecución nacional como en la internacional de delitos, y supondría un primer paso importantísimo en la legislación relacionada con Internet, que actualmente es una “tierra de nadie” anárquica regida por la “ley de la selva”, en la que el Derecho no parece tener cabida.
CUARTA.- La mejora de los protocolos de Internet. Se debe crear un panel de expertos para modificar los protocolos de Internet y hacerlos más acordes al mundo real, un mundo que no está formado por científicos altruistas ni contestatarios, sino, como la misma realidad, por ciudadanos honrados, niños, adultos, ancianos, delincuentes, hackers, ladrones de datos, spammers, etc. De la misma manera que se lucha porque las webs sean accesibles a personas con impedimentos perceptivos y físicos, se debe recrear una Internet que no permita la impunidad ni el libre acceso a contenidos perniciosos.
Si bien las soluciones TERCERA y CUARTA son a medio y largo plazo y requerirán un consenso a nivel mundial, y la SEGUNDA podría plantear problemas jurídicos que habría que dilucidar, la PRIMERA es perfectamente factible. Aunque parece inicialmente un “Canon”, las operadoras son las grandes responsables de esta situación; ellas permiten, mirando hacia otro lado, que obras robadas pasen de unos ordenadores a otros, a través de sus propios servidores y redes.
Su beneficio al permitir el libre acceso a los P2P es obvio: tener más y más clientes que se bajarán más y más contenidos ilegales. En estos momentos, recibiendo unos beneficios enormes, estas empresas permanecen totalmente impasibles, mientras son la parte más importante del problema: las que permiten el acceso al contenido ilegal.
¿La razón? A más acceso P2P, más suscriptores, y más beneficios anuales. Cuando ese “mirar a otro lado” les cueste un 20% o más de su facturación, y sólo en ese momento, las operadoras harán algo.
En España se ha tratado con mano de seda a las operadoras, permitiendo unos precios abusivos (las conexiones más caras de Europa están en España, con las peores velocidades y rendimientos), unos contratos abusivos, y una generalización el intercambio de contenidos ilegales. Mientras no se actúe sobre las operadoras con mano de hierro, no habrá salida a esta situación. Y sólo dependerá de la voluntad política para ello.
Conclusión
El problema es complejo, y parte de una red, Internet, creada ingenuamente por un grupo de científicos que jamás pensaron que se convirtiera en lo que es hoy: el medio de comunicación por excelencia.
Si bien el intercambio de archivos robados no es ilegal al no existir lucro entre los que los comparten, sí existe ese lucro en las operadoras de acceso a Internet que ofertan, sin decirlo, el acceso a archivos robados, a sus clientes.
Las operadoras, como parásitos, viven del robo de contenidos y del intercambio de los mismos, al no bloquear el acceso a las redes que transmiten esos contenidos.
Se pretende penalizar precisamente a las operadoras, de modo que ellas mismas, ante el peso de la sanción, procedan a cerrar el acceso a las redes ilegales. La cantidad recaudada, que debería ir disminuyendo con el paso de los años, al ir las operadoras cerrando el acceso a los contenidos robados, tendería a cero. Se plantearía la alternativa añadida de eliminar las ofertas de tarifas planas para pasar a tarifas basadas en volumen de información.
Finalmente, como solución a largo plazo, se aboga por una modificación básica de Internet, tanto respecto a la navegación anónima como respecto a los enormes huecos de seguridad que actualmente tiene, y que permiten la impunidad del delincuente y dificultan injustamente el trabajo de las autoridades judiciales. Un paso legislativo fundamental para ello es la consideración del espacio de Internet (el llamado “ciberespacio”) como un lugar público o semipúblico, en el que las actuaciones delictivas de los ciudadanos sean consideradas como realizadas en vía pública o similar.
En forma de fases:
Fase 1 – De choque (objetivo: eliminar un 70% de las descargas ilegales)
1- Cierre de acceso a los Ips de P2P y similares por parte de los operadores de acceso a Internet y colaboración con las fuerzas policiales. Creación de programas de seguridad que impidan estos accesos, como los Cibercanguros que protegen a los niños de ciertos accesos a páginas perniciosas.
2- Eliminación de Tarifas Planas por parte de los operadores de acceso a Internet.
Fase 2- A medio plazo (medidas legislativas)
3- Redefinición del espacio de Internet como una “realidad intermedia”, un lugar público, extrayendo el acceso a Internet de la intimidad a efectos legales.
4- Eliminación del acceso anónimo a Internet.
Fase 3- A largo plazo.
5- Rediseño de protocolos de seguridad de Internet que fomenten la seguridad.
Todo esto será factible si y sólo si existe voluntad política para ello.

Fase 1 – De choque (objetivo: eliminar un 70% de las descargas ilegales)
1- Cierre de acceso a los Ips de P2P y similares por parte de los operadores de acceso a Internet y colaboración con las fuerzas policiales.
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Rondamon ;-) | Miembro de Honor demenita desde 2007
Irrational Escalation of Commitment.
En lo más íntimo quiero chili (con carne, a poder ser :tiko:) · Especialista en tiros por la culata · No me ando con chiquitas · Gandu hu, gandu hu, garu se kaho!
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